Veinte años han pasado desde el día que terminé de escribir estas páginas. Las escribí con la pasión solitaria, que aún ignoraba, de contar historias de mujeres. Con difícil acceso a fuentes documentales, estas fueron apareciendo a medida que asomaron las preguntas adecuadas. Así, cuando la obra afloró, debía sintetizar los orígenes de un Tandil decimonónico, con datos desperdigados en los que las mujeres prácticamente no tenían existencia, o solo de modo marginal. Es justamente allí donde centré mi relato: en la marginalidad de una época y en la existencia de mujeres marginales.
1876 fue el año de inflexión que dio lugar a la introducción no solo de la reglamentación de la prostitución femenina en un pueblo de frontera, sino el año en el que se produjo la entrada formal de un cambio moral, en el que todas las mujeres vieron inscriptas su pertenencia a una comunidad, de una forma u otra. La política, la medicina y la sociabilidad de una época fueron el escenario en el que las mujeres prostitutas se convirtieron en protagonistas de una modernidad “necesaria”, y con voz propia. La inclusión de una semblanza de la reglamentación en el país y del contexto europeo, sirven para situar un Tandil con lazos políticos, regionales, nacionales e internacionales.
El presente estudio es la fusión entre el acervo de la curiosidad y el apasionamiento que me han inspirado y que intenté conjugar con la metodicidad de la ciencia histórica. No ha de olvidarse nunca esta diferencia entre aquellos y aquellas que narran historias paralelas a la de la ciencia, pero olvidan plantear problemas que nos permitan seguir encontrando respuestas a dilemas presentes. Le prometo al lector y lectora voluntarioso y voluntariosa que ha de hallarse en cada interrogante y quizás también en cada posible respuesta.